Una aplicación suele estar formada por varias actividades. Cada actividad debe ser diseñada en torno a un tipo determinado de acción que el usuario puede realizar y que a su vez puede iniciar otras actividades. Por ejemplo, una aplicación de correo electrónico puede tener una actividad que muestre un listado con los mensajes entrantes y cuando el usuario selecciona uno, se inicia una nueva actividad para mostrar sus detalles.
Una actividad incluso puede iniciar actividades de otras aplicaciones. Por ejemplo, si queremos enviar un correo electrónico, podemos definir una intención para realizar una acción del tipo "send" y añadirle datos adicionales como la dirección del destinatario y el mensaje. Una actividad definida en alguna aplicación y que haya sido declarada para gestionar intenciones del tipo "send", será la encargada de enviar el correo (en el caso de que existan varias actividades en el sistema capaces de responder a la misma intención, el usuario podrá seleccionar qué actividad quiere usar). Una vez se ha enviado el correo, la actividad inicial se reanuda. Todo este proceso es transparente de cara al usuario que en todo momento cree estar en la misma aplicación. Para conseguir esto, Android gestiona ambas actividades dentro de la misma tarea.